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Un año más Santacana Madrid es el mayor fabricante de guantes de España

Nos acaba de llegar el informe del Instituto Nacional de Estadística relativo  a la Encuesta Anual de Productos para el año 2016. El INE proporciona a todas las empresas que participan en dicha encuesta su cuota de mercado. Una vez más Santacana es el mayor fabricante de guantes de España con una cuota de mercado del 44% en guantes de piel y un 13% en guantes de lana. Tenemos un 4% de cuota de mercado en la fabricación de bufandas y un 2% en sombreros siendo el séptimo fabricante de gorros de España. Si tenemos en cuenta que en Santacana nos dedicamos exclusivamente a los complementos de moda los datos son aún mejores. El INE establece una cuota global por producto y no diferencia entre guante deportivo en lana o tejido, gorros para industria (redes para el pelo, gorros militares, gorros de protección térmica…) Estamos muy orgullosos de ser el mayor fabricante de guantes de España y queremos agradeceros a todos vosotros estos datos, sin vuestra ayuda y confianza no habría sido posible.

Breve historia de los guantes

Nuestras manos no son cualquier cosa, hay que cuidarlas. Gracias a ellas podemos manipular objetos y,  pensándolo un poco, hasta hemos transformado el mundo. El dedo gordo o pulgar, por ejemplo, es todo menos insignificante, ayuda a que las manos funcionen como una pinza. Hay quien piensa que sin el concurso de este dedo rechoncho y gordito el mundo que conocemos sería distinto. Como es el responsable de los movimientos finos de la mano, sin el careceríamos de objetos depurados, precisos y exquisitos. Pues bien,  para cuidar de nuestras manos, para protegerlas de las inclemencias climáticas el hombre se ha provisto desde hace años de un accesorio, en algunos casos, imprescindible: estamos hablando de los guantes

El guante ha dejado huella en el lenguaje: mano de hierro en guante de seda, tirar el guante, guante blanco, calzarse el guante, echar el guante y hasta guantazo. Todas ellas ofrecen, un testimonio de la convivencia que hemos mantenido con este objeto a lo largo de la historia. Se les ha llamado quiroteca, calzado de las manos, almacén de dedos, vaina, cubre manos…  Abstracción hecha de licencias literarias, su uso vendría impuesto por los rigores climáticos y la protección de las manos en el ejercicio de determinados oficios. Algunos especialistas han aventurado que ya el hombre de las cavernas utilizaba guantes y que estos, debido al frío extremo, debían de llegar hasta el codo.

Los primeros indicios escritos sobre los guantes, aunque no carentes de polémica, los encontramos en La Biblia. En efecto, nos referimos al Libro de Ruth, en El Antiguo Testamento y en el que se refiere a la forma de cerrar un trato entre iguales mediante la entrega, como garantía de pago, de un guante o un zapato, siendo quizás este, aunque discutido, el primer testimonio escrito que hace referencia a este accesorio. Es probable que los judíos utilizaran guantes en ámbitos ceremoniales. La mitología griega también los menciona pues encontramos a la enamorada Venus persiguiendo a Adonis durante la noche por lo que se lastima las manos, por ello pide a las Gracias que le faciliten una suerte de funda para sus manos.

Tal parece que el uso de guantes entre los griegos eran corriente, incluso en trabajos de tipo manual, queda fuera de dudas su uso por los agricultores con el fin de recoger la cosecha. Virgilio el ubicuo autor latino, mentaba a los troyanos y hablaba del uso entre ellos de una especie de guantes de la muerte que, suponemos, eran utilizados en combates en los que una piel de toro escondía planchas de plomo.

Frente a los rudos y prácticos griegos, Jenofonte alude a la existencia entre los persas de manguitos con uno solo propósito: el estético, lo que a su juicio ponía en evidencia la decadente civilización de Ciro y justificaba de paso la conquista de su Imperio. Plinio ya menciona que los ciudadanos romanos utilizaban guantes para protegerse del frío, aunque este uso fuera criticado como decadente en ciudadanos perfectamente saludables. El uso de guantes en la antigua Roma se extendía incluso hasta la mesa; permitía a los glotones tomar los trozos de comida caliente sin quemarse los dedos. Varrón (Marco Terencio Varrón -Rieti, 116-27 a. C. – Rerum rusticarum) , en un tratado sobre artes agrícolas, ya se refiere a la recogida de aceitunas con guantes para señalar a continuación que un producto recolectado de esta manera pierde parte de su sabor

Los primeros padres de la iglesia mantuvieron cierto rechazo a estos estuches para la mano, su uso quedó vinculado con el tiempo a colectivos de moral laxa: llegaron a utilizarse para prácticas de alto propósito erótico. Mas, poco a poco, este rechazo fue derivando hacia una asimilación de la prenda como elemento de dignidad y jerarquía dentro de La Iglesia, e incluso de pureza, en el caso de los de color blanco fabricados también de lino con el fin de reforzar ese mensaje. Sólo los sacerdotes y sólo ellos podían permanecer enguantados dentro de los recintos sagrados de la iglesia, mientras que los laicos debían de abstenerse de llevarlos puestos en el recinto. El Papa Bonifacio VIII fue enterrado con ellos.

Los monjes cistercienses, desde su capítulo general del 1157, tenían prohibido el uso de guantes de lienzo o piel, pero se hace la salvedad para aquellos que se dediquen a la forja o talleres. En el siglo XIV los campesinos ingleses trabajan con guantes, y también fueron usados en España como atestigua una ilustración de las “cantigas” en las que se observa a un maestro de la piedra usándolos.

En La Península Ibérica, y hasta el siglo catorce, se denominaban luvas. En España empezaron a denominarse guantes hacia el siglo XIV. Las luvas se hacían de cuero, paño, lino y seda. Se utilizaban también en la caza con halcón, en este caso eran de cuero.

La autoridad de los reyes en la Edad Media empezó a quedar significada, entre otros, por la entrega de un par de guantes. El Rey de Inglaterra, antes de recibir el cetro, debía ajustarse un guante en la mano derecha y una vez coronado, uno de los nobles allí presentes que ejercía como paladín del rey, lanzaba un guante al suelo con el fin de retar a duelo a cualquiera que mantuviera la más mínima duda sobre la legitimidad de aquel monarca. Los Reyes de Francia, poco antes de morir, entregaban a su hijo y sucesor un guante como señal de que iban a ser investidos. Un caso especial es el de Conrado II de Sicilia que perdió el trono y fue decapitado por intentar recuperarlo, y al que la leyenda pinta lanzando su guantelete a la multitud tras gritar “Para el Rey de Aragón”. El guante fue aceptado por el susodicho y, como consecuencia, el Reino de Sicilia, pasó el rey Pedro III de Aragón. Los reyes se enterraban con sus guantes; Ricardo I de Inglaterra, conocido como Ricardo Corazón de León lo hizo. El Príncipe Negro también, sus guantes colgaban por encima del ataúd. Alfonso X de Castilla de sobrenombre “el sabio” acompañado invariablemente con sendos guantes de piel.

Desde La Edad Media empieza a apuntar una industria con la que España se significó en Europa, la de la piel y particularmente la de los guantes perfumados. Pieles suaves, delgadas y delicadas, una piel dentro de otra piel. Piezas tan sutiles que se pensaba que la misma cáscara de una nuez era capaz de contener un guante. Macerados (adobados, se decía) en perfume. Un aroma amable para sofocar tiempos crueles, y sucios.  El Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, giró un presupuesto desproporcionado a La Corona Española solo para ofrecer a cada uno de sus hombres un par de guantes perfumados con los que aliviarles de los hediondos campos de batalla de Italia, cubiertos de cadáveres en descomposición. Antonio Pérez, el que fuera secretario de Felipe II, se convirtió en un hábil guantero: regalaba guantes perfumados con el propósito de predisponer positivamente a las damas a las que galanteaba

Los guantes perfumados de España eran tan famosos que Furetière, un autor francés, señala que era el regalo más deseado de todos aquellos que viajaban por La Península. Y un marino inglés, Stephen Burough, que había viajado a Sevilla recordaba entre sus más apreciadas posesiones un par de guantes perfumados con el que había sido obsequiado.

Catalina de Médicis utilizó guantes perfumados para deshacerse de la madre de su gran rival el hugonote Enrique IV de Francia; Juana de Navarra. Isabel I de Inglaterra utilizaría los guantes perfumados con otro objeto más amable y lisonjero, utilizó el de la mano izquierda para obsequiar al Conde de Cumberland. El conde siempre lo llevaba prendido de su sombrero en los días de etiqueta con el fin de mostrar así el alto concepto que la soberana tenía de él.

En Francia la piel más usada era la de cabra o camello o ante, las clases más humildes utilizaban la de perro. Por estas fechas, los más apreciados eran los guantes de España. De hecho, entre las clases aristocráticas se consideraba el regalo más deseado. Llegó a ser tal su éxito que alguna gente dormía con camisón y guantes. Eran famosos los guantes perfumados de Sevilla y Ocaña. Los guantes de Ocaña eran famosos desde La Edad Media hasta el punto de que se entregaban como trofeo en las justas realizadas en Castilla. En Francia existió una confusión fonética curiosa: se asociaba los guantes fabricados en Ocaña con guantes elaborados con de piel de oca.

Los guantes perfumados más estimados, y más duraderos, eran los de ámbar gris, un producto cuando menos paradójico. El origen del ámbar gris es casi inverosímil, de hecho, no es más que una papilla pestilente que fermenta en el estómago de los cachalotes y que flota libremente en el océano. Es realmente el vomito indigerido de un cachalote que, por la acción del agua, el sol y el viento acaba por desprender al cabo del tiempo un aroma de tan formidable intensidad que los productos impregnados con el adquirían un extraordinario valor, pues el ámbar gris es capaz de fijar el aroma de cualquier perfume aparte de potenciarlo. Esta capacidad para potenciar el aroma que posee el ámbar hizo que Carlos II de Inglaterra lo tomara como especie; al parecer tiene un ligero sabor a chocolate.

Ana de Austria, hermana de Felipe IV de España y que tenía unas manos preciosas, gustaba lucir guantes de piel de ratón. Mandaba traer piezas perfumadas de España y a su parecer los mejores guantes eran aquellos cuya piel había sido tratada en España, cortada en Francia y terminada en Inglaterra. Su hijo, el Rey Sol, fue el responsable de los estatutos del gremio de guanteros-perfumeros de París, allá por el 1656 y que acabarían por hacerse con el renombre para sus piezas en detrimento de los de España. No obstante, María Teresa de Austria, que sería su mujer, se presentó en Francia con dos baúles llenos de guantes españoles. Claro que, si se tiene en cuenta que la futura reina consorte iba seguida de una comitiva que ocupaba seis leguas, esta parte del equipaje parece bastante modesta.

Fernando VI, en las representaciones teatrales del Buen Retiro solía repartir guantes perfumados entre los presentes, siguiendo con ello la tradición establecida por Felipe V que importó de Francia el gusto por ofrecer a sus invitados guantes perfumados, en una época ya en la que el prestigio del guante perfumado español había decaído

Un texto del 1733, precisamente durante el reinado de Felipe V, describe la forma de perfumar guantes: el guante debe permanecer sumergido en agua rosada, para añadir después almizcle disuelto en agua de azahar y una gota de vinagre, esto tiene el propósito de embeber la piel de olor. Posteriormente, deben permanecer colgados durante un día entero con el fin de que se sequen y entonces se procederá a mezclar una medida de ámbar gris con una onza de aceite de almendras, imprimiendo con esta solución los guantes. El olor permanecerá durante largo tiempo pues ya sabemos que el ámbar posee las propiedades de intensificar y conservar el olor. Existe otro texto, esta vez en francés, sobre las técnicas para perfumar guantes en el manual del parfumeur francaise

Los guantes en piel se reservaban para montar a caballo mientras que los de satén o terciopelo se usaban en las fiestas y reuniones sociales. Llevar un guante exigía cierta técnica y retirárselo otro tanto. Para ponerlo el dedo pulgar debía de entrar en último lugar y para retirárselos se jalaba del puño quedando el guante del revés, al parecer de esta forma el guante podía secarse del sudor corporal evitándose efectos no deseados en la piel del guante. Una vez seco se procedía a darle la vuelta ayudándose para ello de un accesorio denominado tijeras.

Un tipo particular de guante, el mitón , llegó a ser utilizado con mayor frecuencia, incluso más que los propios guantes y casi exclusivamente por el sexo femenino. Los mitones, al dejar los dedos libres, permitían mayor facilidad de movimientos y eran igual de respetuosos con las pautas de elegancia.

El siglo XIX impone la presencia de guantes hasta el codo, blancos o de color pastel. Aparecen las mallas, lo que permite mostrar bajo ellas los anillos, hasta entonces estos accesorios se colocaban sobre los guantes. Una variedad de guante largo con mucho éxito fue el utilizado por la actriz Sara Bernhardt en el escenario, se presentó con unas piezas de color negro hasta el codo pero debido a su extremada delgadez los llevaba arrugados. Este tipo de guante fruncido se mantuvo en los salones de la alta sociedad hasta la II Guerra Mundial

El conde D’Orsay fue conocido por usar seis pares al día. Guantes de reno para la mañana, los de gamuza para la caza. Cuando viajaba a la ciudad, los de castor. Los trenzados en seda para ir de compras y los de piel de perro para la cena. Y por fin, la piel de cordero mezclada con seda para la noche. Brummell, un caballero inglés del siglo XIX, prototipo de la elegancia y dictador del buen gusto en Londres, utilizaba unos guantes elaborados por no menos de cuatro artesanos. Uno de ellos se había especializado en elaborar únicamente la parte del guante que cubre el dedo pulgar. Al parecer era tan finos que permitían adivinar la forma de las uñas bajo su factura.

Hasta los años cuarenta y cincuenta del pasado silgo XX una mujer no iba correctamente vestida si no disponía de guantes, Las revistas de estilo aconsejaban su uso en el campo, en el teatro, en una cena de gala. Las mujeres debían de utilizar ambos, mientras que los caballeros utilizaban solo uno, sujetando el otro con la mano enguantada. En el baile era imprescindible su uso al saludar a la anfitriona o a sus propios invitados. En realidad este gesto de respeto tiene un origen más calculador del que se le supone, pues el uso de un guante entre determinadas clases sociales, suponía en su momento una salvaguarda de la salud al evitar un contacto directo con personas de inferior condición y a las que se les suponía una higiene limitada, tal y como apunta un escritor del siglo XIX

Fuente: Jaime Ponce de León | Casa Mundo

Santacana Madrid va a donar a CEAR guantes para sus centros de refugiados

Todos los años realizamos una donación a alguna ONG que trabaje con los más desfavorecidos. Este año hemos decidido donar a CEAR (Comisión Española de Ayuda al Refugiado) guantes para sus centros de refugiados. Este es la primera vez que vamos a donar a colaborar con CEAR, el año 2016 año lo hicimos con Cáritas y este año queríamos centrar nuestra ayuda en aliviar, en lo posible, la situación de los refugiados.

El guante de piel en verano

Todos los años nos llegan muchas consultas sobre que guante utilizar en verano, especialmente en una ceremonia (boda, comunión….) o en un evento social (carreras de caballos, una inaguración…). Para verano se pueden utilizar tres tipos de guante: encaje, crochet o piel. El guante de piel puede parecer muy cálido para el verano, pero siempre te lo puedes quitár y llevarlo en la mano con el bolso. De esta manera le das tu look el  punto de sofisticación y elegancia que estás buscando cuando usas un guante en verano . Elige guantes sin forrar o forrados de seda que son siempre más frescos. Los guantes cortos son nuestros favoritos para el verano ya que no cubren toda la mano y dan una sensación de mayor ligereza.

Mañana comienza la feria Accessories Circuit en Nueva York y Santacana estará ahí.

El próximo domingo 9 de Mayo comienza la feria Accessories Circuit en Nueva York. Esta feria es sin duda la mejor feria de complementos es Nueva York. El público es principalmente de la costa Este, especialmente Nueva York y Nueva Inglaterra. Santacana Madrid va a presentar su colección de guantes, sombreros y bufandas. Actualmente Estados Unidos es, despúes de España, el segundo mercado de Santacana Madrid.

Ya queda menos para la feria Accessoires Circuit en Nueva York

El próximo 7 de Mayo comienza la feria Accessorie Circuit en Nueva York y Santacana Madrid estará ahí presentando su nueva colección de guantes, bufandas y sombreros. Estados Unidos se ha convertido en uno de los principales mercados para Santacana Madrid. Actualmente vendemos en 110 tiendas a parte de vender en tres de los grandes almacenes con presencia en todo Estados Unidos y Canadá. Os esperamos.

Nueva carta de colores de lana

Ya tenemos la nueva carta de color la temporada otoño/invierno 2017 para los guantes de lana. La carta de color está compuesta por 18 colores entre los que destacan los azules, rosas, violetas y taupes así como el Spicy Mustard que sigue muy de moda. Incorporamos 10 nuevos colores y por primera vez en muchos años… ya no tenemos en carta el marrón chocolate. Estamos seguros que os van a encantar.

Santacana Madrid con Adaner, la asociación en defensa de la atención a la anorexia nerviosa y bulimia

En Santacana Madrid creemos que hay que ayudar. Por eso estamos encantados de colaborar cediendo mercancía al próximo mercadillo solidario de ADANER, la asociación en defensa de la atención a la anorexia nerviosa y bulimia.
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